Donde viven las ratas

En la alcantarilla de la realidad

Y volví… como quién no recuerda un sueño, después de haber dormido profundamente. 

Y volví… como quién no recuerda un sueño, después de haber dormido profundamente. 

La nada, los erizos y el amor

Qué se puede hacer con un alma rota, no se puede zurcir con falsas esperanzas, no se puede reconstruír con ausencias. El tiempo está perdido, el daño está hecho. Tanto por decir y ya sólo queda el silencio. El corazón cruje de repente, falta el aire, sofoca el desengaño. Cómo levantar los pedazos, y después sobrevivir. Se reducen nuestras estrategias, no nos quedan más hoteles para arder. No nos quedan más palabras que se atrevan a salir. Nos queda la nada. Dejar la torpe ilusión, dejarse caer. Ya estamos viejos para ser tan renegados. Incansables ya no somos. Ya nos ganaron los demonios, porque así lo quisimos desde un principio. Ya no podemos cambiar nuestra condición. Uno es el cazador, otro la presa. Pero ya nos desangramos a morir. Bajaste la guardia, mordiste el anzuelo, has perdido la fe. Tu boca está seca, tu garganta irritada, escucho otras voces, pero nunca tu voz. Ya nos cansamos de suspirar, a distancia, nuestro aliento se atora en las ramas de los árboles. Nos ahogamos en el río, de lo que alguna vez lloramos. Somos tan crueles, somos bestias, que un día recibieron un regalo sin procedencia, y sus manos no supieron tratar. Lo rompimos, nos lamentamos, ya para qué. Tenemos la sombra cargada de pasado. Nos pesa, lastima, pero ninguno la puede dejar atrás, la hemos zurcido a nuestros pasos.

Enredos, nudos y seres rotos que quieren amar. Tejemos mentiras, dudas infinitas, siglos y siglos de obscuridad. Pero no podemos hacer el amor, sentimos frío, nos cubrimos de piel, pero nunca hacemos el amor. Somos un revoltijo de fluídos, de necesidades banales, y nada más. Somos la tinta derramada en la pared, el borrón, nunca las páginas blancas. Insaciables, somos monstruos, somos como los erizos. Somos seres absurdos, que no saben ni pueden amar. Eso somos. No somos más que soledad compartida y un montón de líneas desesperadas. No somos más.

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(Source: houseoferotica)

De ausencias compartidas, huídas y cigarros

Éstas son mis circunstancias.

Estoy esperando en un café, ya no llueve y afuera quedan los charcos, los rostros extraños y el tráfico. El vidrio empañado y la gente que viene y se va. Me encuentro esperando lo inevitable, junto a la ventana. Para eso estoy aquí, ya ni el pastel me sabe igual, el café se enfría y yo escribo en la servilleta un nombre de cual no hablaré, me pregunto el porqué de tantas cosas. Estaba a punto de irme y de pronto alguien se acercó. Me dijo al oído -al fin llegué, disculpa. Después un beso en la mejilla, cálido y hasta placentero. Empiezo a sentir una revoltura en el estómago, por un momento quise desaparecer. Era mi pasado, el que ahora se sentaba frente a mí. -Vine por ti -me dijo. -Te sacaré de donde estás, por algo volviste, ¿volviste por mí? -Volví porque tenía que huir. Le contesté. -¿No te cansas de huir? Tú siempre estás huyendo de ti.

Su rostro era el mismo de hace años atrás, este hombre detiene el tiempo con sus pasos, yo estoy más triste y desgastada que nunca. Sale el sol, tan inestable que es el clima en este lugar. Pero la perdida soy yo, me resisto a caer, en él y en sus labios. Antes fui una bestia, porqué no lo seré ahora. -Todo se escuentra tan igual, y no te hablaré de mis vacíos, lo prometo -aclaró. -Yo tampoco te hablaré de mis vacíos, no hay nada que no sepas ya. Lo que ves es lo que hay, no lo he querido cambiar -repliqué.

Salimos del lugar, hacía calor. Ya me veo claudicar, no se trata de empezar, mis fantasmas y yo nunca nos hemos llevado bien. Pero él se ve tan real, siempre se le ve tan bien. Llegamos a un pequeño edificio, no quiero ni entrar. Tengo los anhelos empacados, allá arriba, un poco de ropa y las mismas piedras. Siento nervios y me tiemblan las piernas. Enciendo un cigarrillo y me siento en las escaleras, él continua subiendo. -¿Dónde vives? -preguntó. -A la derecha, en el seis -le contesté. Con este pasado no había luchado antes, eso me pasa por dejar las cosas a medias. Nunca pude terminar lo que por azar empezó. Creo que siempre cargaré con las mismas heridas. Tal vez sea resignación. Esto más bien se trata de negación. Las manos frías junto a las mías, ese cuento absurdo de amor, da vueltas en mi cabeza. No ves que quiero estar sola, no puedes estar allí contemplando mis caídas. Esa dulce cara ya no me decía nada. -Tendrás que darme las llaves. -¿Tu cama está cómoda? Estoy bromeando. Esas maletas no saldrán solas. -comentó. -Sí, las maletas están en la entrada. Hay una mochila con libros también -le dije.

Seguí fumando en las escaleras. En ese inmenso vacío me quería arrojar. Siento vértigo, quiero vomitar. En unas horas dejaré este lugar, estaré con él. Se apagarán las luces y lo demás… ni hablar, sigo siendo la cobarde, aunque reprima mis ganas de él. Trato de no voltear a ver, ya estaba todo listo, para qué tendría que voltear. -Es todo, creo que sí. ¿Te falta algo? -Falta mi taza de café, pero así está bien. -Yo enseguida entregaré las llaves, creo que no falta nada. Nos vamos ya.

Siempre he temido a las tormentas, soy de lo peor, ¿qué voy a hacer cuando te canses de mí? Otra vez nos abandonaré, me tomará dos años calmar mi dolor, te odiaré en secreto una vez más. A este punto ya no quiero recordar, esta ha sido una pésima broma, alguien me despertará. Ya no me sucede nada. No sé cómo funcionan las cosas. Esto pronto acabará. Me olvidé que sigo fumando, que el auto se mueve, que esa estúpida sonrisa sí es para mí. Me olvidé de tu mirada, olvidé que no puedes dejar de repetir las mismas palabras. Ya nada será igual. Me voy a perder en otro cuerpo. Me cansaré de ser tan yo. Me dejaré en otro lugar. -Aquí es, es bonito el lugar. Te va a encantar. Estaremos bien. -¿Estaremos bien? Claro, es lindo.

A estas alturas me quiero incendiar, que explote todo aquí. Yo no puedo ni conmigo, qué pasará con mi soledad. -Tal vez un beso te cierre la boca -me dijo mientras me observaba sentado en la entrada de su puerta. -Estoy pensando en voz alta, no me hagas caso -le dije, un poco dispersa ya.

Será otro tiempo, este miedo se desvanecerá. Vamos a compartir una ausencia, el vacío del cual no hablaríamos. El mismo hueco. Lo llamarás amor. Me confundiré, quizás intente huir de nuevo. Esta casa tiene muchas ventanas, no sé que pasará. Ya no lo quiero saber. De mí… creo que me iré por cigarros.

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(Source: bunnyfaggot)

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(Source: childrenslaughter)